Vacaciones: Una invitación para jugar y aprender

Por: Karoll Ibañez Goudeau, Directora Carrera Pedagogía en Educación Física, Universidad San Sebastián, Sede de la Patagonia.

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Llegaron las tan esperadas vacaciones de invierno, un espacio en el cual los niños y niñas tienen el día disponible para jugar, leer, pintar, mirar televisión, pasear, viajar, entre otras tantas otras actividades que se pudieran enumerar. Este periodo es propicio para cambiar de rutina, lo que se convierte en un gran desafío para los padres, los abuelos o a quienes les corresponda el cuidado de un menor:

El mayor desafío es evitar que pasen el día atrapados frente a una pantalla y la frase a la que muchos cuidadores temen es un “¡estoy aburrido!”.

Sin embargo, el aburrirse es parte de ser niño, es una oportunidad más para el aprendizaje. Desde el aburrimiento surgen ideas creativas que por cierto hay que canalizar para evitar situaciones de peligro, pero que se pueden transformar en verdaderas experiencias de aprendizaje.

Muchos recordarán aquellos juegos de antaño, donde se construyeron castillos o fuertes con cartones y frazadas, pistas de carrera para autitos de juguete u otros inventos con lo que se tenía a mano. Ese juego favorecía la entretención infantil y no solo eso, pues también promovía la imaginación y la creatividad en esas horas donde la mente también edificaba aventuras e historias emocionantes.

No obstante, eso se ha ido perdiendo, pues cada vez se intenta ofrecer a los niños juguetes más elaborados, espacios comerciales de juegos que parecieran consumir esa imaginación, brindándoles a cambios horas de entretención pasiva frente a una pantalla de televisor, computador, celular y otros. Precisamente, eso es lo que hace perder en ellos la oportunidad de crear y utilizar la imaginación para “no aburrirse“.

La invitación es en estas vacaciones a darle un espacio al juego y mejor si es en familia, ya que el juego es parte importante de la vida del ser humano en sus diferentes etapas evolutivas, y le ayuda a madurar, crecer, comprender, socializarse y aprender. En el juego también se lucha y se compite, o no, como en el caso de los juegos cooperativos. En el juego se estimula la alegría, la autoestima y la confianza en uno mismo.

Por lo tanto, el juego es una recreación de la vida humana, que a través del hecho de «jugar a…» realiza una transformación simbólica o imaginaria de la realidad, en la que el niño elige libremente el tema, el argumento, los materiales, el contexto, los resultados, etc., para interpretar, asimilar y adaptarse más fácilmente al mundo en que vive.

En palabras de Piaget, «los juegos tienden a construir una amplia red de dispositivos que permiten al niño la asimilación de toda la realidad, incorporándola para revivirla, dominarla o compensarla».

Autores como Huizinga (1954) y Caillois (1967) remarcan la importancia del juego como transmisor de patrones culturales, tradiciones y costumbres, percepciones sociales, hábitos de conducta y representaciones del mundo.

N este sentido, los juegos expresan los valores dominantes de la cultura de cada civilización, y cambian en función de la época histórica, la situación geográfica, las modas o las ideas. Es aquí donde también podemos aprovechar la oportunidad de transmitir y compartir valores.

El juego es sin duda un espacio para el desarrollo biopsicosocial del ser humano. Estimula la dimensión emocional del niño, sobretodo cuando se permite vivenciar sensaciones nuevas, explorando y ampliando sus posibilidades sensoriales y motoras. En una dimensión social el juego es el espacio propicio para estimular la comunicación y la interacción con los pares, permitiendo aprender estrategias de interacción social.  Además, cuando se juega se estimula también la atención y la memoria, como también se potencia el uso del lenguaje.

Por lo anterior, la invitación es a que en estas vacaciones se favorezca la creación de espacios para el juego libre, estimulando a los niños a que jueguen solos, con amigos, con adultos, con y sin materiales o implementos. Hay que volver a imaginar, volver a soñar y crear.

Como adultos, hay que darse el permiso para que el hogar no siempre esté ordenado y para reír como también disfrutar en familia jugando juntos. ¡A disfrutar las vacaciones!

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